¿POR QUÉ LAS CLINICAS VETERINARIAS VAN MUY BIEN DESDE EL CONFINAMIENTO?

Le evolución de las clinicas veterinarias desde el confinamiento ha sido buena. En este artículo explicamos porqué


El otro día hablaba con una compañera sobre la evolución del sector desde que comenzó el confinamiento. Los dos habíamos tenido crecimientos espectaculares con récord de facturación y en ambos casos no eran achacables a lo que habíamos dejado de hacer durante el confinamiento, es decir, el trabajo acumulado no realizado en esas fechas. Un trabajo muy alto que se ha mantenido todo el verano.  Y era lógico empezar a pensar que con tambores de crisis sonando por todos lados, con amenazas de vuelta a los confinamientos, con el COVID expandiéndose sin freno, con mucha gente en ERTE o ya en ERE, o sinceramente preocupadas por su futuro, era lógico pensar que habría una retracción de gasto y por tanto un menor consumo en las clínicas veterinarias. Algo que afortunadamente y, de momento, no ha ocurrido. Ambos compartíamos diagnóstico.  ¿queréis saber cuál es?

 

Antes de decir lo que pienso sobre por qué las clínicas veterinarios estamos creciendo respecto a las buenas cifras del año 2019, debemos matizar algunos conceptos. Las clínicas veterinarias, como sector, aguantaron bastante bien la crisis del 2008, con bajadas moderadas de ingresos ya casi al final de la crisis. Sufrieron más las clínicas que, equivocadamente, no aplicaron la subida del IVA a sus clientes, asumiendo ellas ese 8% de pérdida de ingresos y, por tanto, recibiendo un severo golpe sus beneficios empresariales. Pero de eso no tuvo la culpa ni el gobierno, ni la crisis, ni por supuesto, nuestros clientes. La culpa fue, sin duda, de la falta de cultura empresarial del sector. Nuestros clientes siguieron haciendo esfuerzos por cuidar bien a sus mascotas agotando hasta donde pudieron los sistemas de pago. Primero el efectivo. Luego las tarjetas. Después los sistemas de pago aplazado. Y, por último, el recurso de familia y amigos. Lo que nos lleva a pensar, que la mayoría de la gente está dispuesta a hacer sacrificios económicos por sus mascotas si realmente lo creen necesario y hasta donde les permite su economía y algo más.

 

Y esta ultima frase es donde quería yo llegar “lo que les permite su economía”. ¿Qué ha ocurrido estos meses? Que la gente ha gastado menos, bastante menos, y su dinero disponible ha aumentado. Es decir, han podido gastar mas en el veterinario. Una limpieza de boca que quizá hubiera sido pospuesta o repensada varias veces se aceptaba inmediatamente. O la realización de pruebas para llegar a un diagnóstico. O cirugías….

 

Una de las cuestiones más interesantes que surgen de este análisis es con quien competimos las clínicas veterinarias. Si miramos el bosque muy de cerca solo vemos unos pocos árboles. En este caso, en lo que nos fijamos es en las clínicas veterinarias cercanas. En aquella que baja precios. En el veterinario que va chalé por chalé poniendo vacunas. Y, sin embargo, nuestro gran competidor no es el compañero que está a 2 manzanas más allá, sino las decisiones que toman los propietarios de mascotas sobre en qué se gastan el dinero. En estos años pasados nuestro competidor fundamental ha sido el ocio. La gente se gastaba el dinero en salir por ahí, cenar en restaurantes con amigos, viajar, salir de compras. Eso era nuestro gran competidor contra el que no hemos luchado. ¿Habéis visto alguna campaña sobre que lo bueno que es salir al campo con tu perro y dar largos paseos por la montaña? Yo tampoco. ¿Un anuncio que explique que por lo que te gastas en un viaje de 15 días puedes tener un amigo incondicional durante años? Pues no.

 

Nadie sabe si “la nueva normalidad” (frase que me provoca grandes sarpullidos), va a cambiar los hábitos de consumo de los españoles. Ya simplemente con el teletrabajo, la gente está ahorrando cantidades importantes que pueden destinar a otras cosas, entre ellas su mascota. Lógicamente con damnificados por el camino como son los restaurantes de menú diario que ven como se ha reducido drásticamente su clientela. Desgracia para unos abren posibilidades para otros. Debemos ser capaces de aprovechar esas oportunidades y dejar de echar la culpa de todo a la competencia y al IVA.